Odios a mis vecinos

Maldita hoja en blanco

Pues sí…después de años predicando que es un cuento chino, aquí estoy yo, sufriendo el famoso «Síndrome de la hoja en blanco«.

Quizá sea porque (por suerte) he tenido mucho trabajo, o porque no he conseguido concentrarme, pero no he sido capaz de escribir nada que me apasionara desde hace un tiempo.

Tengo vocecillas internas que me insisten:

– Escribe en el blog, o, continúa con la novela.- Otras más relajadas, que son las que mejor me caen últimamente, me susurran:

– Pasa tronca, tú a trabajar y luego a dar paseitos por la playa, ahora no es tiempo de crear, o, qué más da publicar en 2020, es un año perdido, es un año nulo, cualquier matemático te dirá que el 0 no existe, pues fíjate pringada, este año tiene dos.

Veo en las noticias cantidad de ejemplos de escritores que crearon sus grandes obras maestras estando confinados y de verdad que me muero de la envidia. Yo quiero esa calma, esa quietud. Vivir en mi soñada casa de madera en el bosque y escribir todo el santo día, con la soledad.

Pero yo no tengo eso…Os pongo en contexto. Vivo en el peor edificio de vecinos de la historia. Y fui consciente de ello cuando empecé a trabajar desde casa. Es como vivir dentro de un comic de la Rúe del Percebe , pero sin que tenga gracia.

Yo vivo en un 7º, y en el 3º reside un adorable vecino que se dedica a tocar la batería durante horas todas las tardes. Le he llamado Percusión.

En el sexto vive Mariticidio una simpática jubilada que no tiene sentido de la privacidad, ya que mantiene la puerta de la calle y sus ventanas abiertas de manera constante, deleitándonos al resto de cohabitantes con su música salsera «a todo trapo» y con sus olores culinarios «tan sabrosos a buey enfermo». Y siguiendo el comic hacia arriba, nos encontramos con Anunciación, mi educada vecina de arriba, que se dedica a llamar a las 2 de la mañana a las videntes de la tele y contarles durante extensos minutos, a voces, sus problemas diarios.

Próximamente subiré al blog una nueva categoría llamada «Odio a mis vecinos» donde os contaré las historias de estos entrañables personajes.

¿Quién dijo que había que estar aislado para escribir? Ellos han desbloqueado mi síndrome de la hoja en blanco. Aunque quizá hayan bloqueado mi paciencia.