Luces

Caos

En mi agenda tengo una entrada que salta cada quince días, que reza: «Escribir blog».

Muchas veces esa cita la paso de día en día, porque no tengo tiempo, porque no tengo ganas o porque, simplemente, sé que no puedo publicar lo que quisiera, en ocasiones, expresar. Pero hoy…Hoy estoy inspirada. Publiqué hace dos días, ¿y qué más da? ¿Por qué tengo que seguir una norma que me autoimpuse? Las personas funcionamos así, como decía el Joker: » Seguir con el plan establecido, aunque sea algo maligno, nos hace no entrar en el caos.»

Pues hoy yo voy a entrar en el caos un rato, con mi mopa y mi sanytol, por si acaso. Pero resulta que…(Escribía antes que estaba inspirada.) Corrijo, me han inspirado. Una amiga me ha enviado, la publicación de una conocida por instagram. Y resulta que…Es poeta…Un sueño leerla, con toda su intensidad, con todo su ruido y me ha hecho mirar las cadenas que me he atado a mí misma. Expreso, cuento, comparto, pero no vomito palabras. Son las siete y media de la mañana, y no he empezado el día como de costumbre. Desayunando, haciendo deporte, duchándome, maquillándome y dando una clase tras otra, no. Hoy no está siendo así.

Hoy he visto las publicaciones de esta conocida por instagram, le he dado las gracias a mi amiga. Y me he venido directa al despacho…Tengo un cuaderno forrado con agua y cola (idea de Art Attack) y tengo las poesías más profundas, más oscuras, más frikis y más únicas que he escrito en mi vida. Tenía once años, un cuaderno entero, un cuaderno de anillas, de cuadrilla, forrado con cola y agua, pintado de marrón, con una L gigante en el medio. Hablaba de amor, a pesar de no haberlo conocido. Rebeldía. Me sentía una mujer encerrada…He mirado de frente a esa preadolescente que soltaba sentencias con un boli bic y le he pedido perdón, porque la llevo atando con grilletes a una pared desde hace muchos años. Desde que me puse normas, desde que dejé que me las pusieran.

Me canso de vivir a 200 km por hora, ayer se lo decía a una colega de profesión. Quiero parar, ayer paré, quiero pensar, ayer pensé. Volví y re-conecté con algo o alguien que había olvidado: YO. Ayer pasó algo nunca visto en mucho tiempo…Hice un examen manuscrito, desde la universidad no había escrito tantas hojas. Un examen del certificado de docencia, donde había tres ejercicios, había que desarrollar una clase, solucionar un conflicto en una clase y hablar en positivo sobre una queja… Wow, mi boli rosa echaba humo. Ayer volvía a mi infancia, a mi pre-adolescencia. En un descanso salí con mis compañeros de certificado a tomar el aire, aire filtrado por mascarilla, y hablamos de barcos, de Filipinas, de informática y de estudiar. En ese momento mi hermana pequeña rompía aguas. La vida venía a mí. Y es que hace un tiempo que echo de menos tener compañeros con quienes irme a desayunar, a quienes dar los buenos días y contarles que he perdido el bus, o que fíjate, voy a ser tía por cuarta vez, por lo inmensamente feliz que eso me hace. Tener compañeros que me cuenten que han hecho magdalenas y les han salido mal, con quien reírme por las anécdotas diarias o para hablar de barcos, Filipinas, informática o de estudiar chino.

18 de noviembre de 2020, 8:00 A.M. mi teléfono suena, mi cuarto sobrino acaba de nacer, bienvenido a este mundo de locos Marco. Bienvenido a este hermoso caos. Como regalo de nacimiento te llegará una mopa y un sanytol, por si te pareces en algo a tu tita.

Y el mundo hoy se ralentiza de nuevo, las obligaciones, las preocupaciones ocupan otro lugar en mi mente y en mi cuerpo. Ahora sólo pienso y siento a mi hermana pequeña. La vida viene a mí.

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