Luces

Ferias

-Hola mami, ¿cómo estás?

-Bien hija, aquí, de día libre.

-¿Y eso?

-Hija, es festivo en Salamanca, son las fiestas.

Y de repente se hizo el silencio. Son las ferias, como así las llamamos los salmantinos. Se me había olvidado. Una fecha que siempre ha estado bien señalada en mi calendario. Es casi igual de importante volver a casa en ferias que en navidad. Es cuando te reencuentras con la familia, cuando sales «de casetas» con los amigos.

A mi mente no dejan de venir imágenes de todas las ferias que he vivido, si voy a cumplir 33, he vivido 31, porque este año… No cuenta. Siempre he pensado en la suerte de que la gran fiesta de tu ciudad sea en septiembre. A mí vienen olores de algodón dulce, patatas fritas y churros. Me ciegan las luces de colores y el sonido de la atracción «la masa«, los chillidos de los niños en los toros mecánicos y el estómago se me va para arriba pensando en la montaña rusa. Las moscas revolotean cerca de mis orejas, según imagino el camino hacia los ponis.

Recuerdo la cara de mi hermana pequeña, a mi lado, en el asiento de atrás del coche de mi madre, volviendo de pasar el mejor verano de nuestra vida en el pueblo. Con las rodillas llenas de costras, y con olor a lumbre aún en nuestro pelo. Volvíamos de ser salvajes y silvestres, volvíamos a casa porque empezaba el colegio, pero al llegar, con el atardecer a nuestra espalda, visualizamos la noria desde el retrovisor, y empezamos a saltar de alegría y emoción.

Volver era mejor, si tenías las ferias de Salamanca.

De adolescente, no me olvidaré de bajar con mis amigos hacia la Aldehuela, con nuestras mejores galas, que eran camisetas cortas y pantalones de campana. Queríamos aparentar ser mayores, hasta que llegaba el momento de subir en los «coches chocones», donde nos daba igual las plataformas o que se nos movieran las mechas, volvíamos a ser niños.

Ahora…Las ferias eran el reencuentro. Cuando volvía con mi familia, mis amigos, volvía a ver a los amigos de la facultad, a mis amigos de mi primer trabajo…Volvía a mi gente, volvía a comer «lomos» en las casetas, a bailar con canciones de Camela y el Barrio, sin importarme, a reír hasta que me dolía la cara. Nunca pensé que me podría olvidar de mis ferias, aquellos momentos que me hacen volver a ser niña, volver a ser adolescente y llenarme de sabores, olores y luces.

Hoy brindaré por vosotros, desde la playa de Riazor, pensando en nuestra hermosa Plaza Mayor. Pensaré y reviviré todos esos momentos. Ese será mi programa de Ferias y Fiestas de Salamanca 2020.

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