Sombras

Barricadas y descubrimientos

Hoy he encontrado en mis documentos el relato de algo que me ocurrió al principio de mi aventura como autónoma. Algo triste entonces, que ahora que lo miro con perspectiva y con la serenidad que aporta el tiempo, estoy agradecida a que me ocurriese. ¿La razón? He aprendido mucho de ello y algunos cambios que he provocado que ocurriesen después, han sido derivados de este acontecimiento.

En la cuarta semana de confinamiento, invito a que reflexionéis y recordéis qué cosas «malas» os han ocurrido, y cómo estas mismas os han traído otras cosas «buenas» después. Esta es la historia:

Una noche de Octubre del 2019 tomé un vuelo desde Santiago de Compostela, lo primero que me di cuenta es que el aeropuerto de Santiago no tiene nada que ver con el de A Coruña. Hay muchos más vuelos y además muchas tiendas y cafés. Pensé – Qué maravilla así mato el tiempo más rápidamente.- Pero era un vuelo nocturno y sólo estaba abierta una cafetería, así que encontrarme con todas esas persianas bajadas, pocas personas en el aeropuerto me hizo tener morriña del aeropuerto de A Coruña, un espacio ínfimamente más pequeño, pero más acogedor. 

En la pista de despegue nos esperaba un avión regional de Iberia, donde a pie de pista guardaron en la bodega todo el equipaje de mano, monté en el avión y la mujer que tenía a mi lado empezó a trabajar. No quería husmear en sus asuntos, pero no pude evitar echar un vistazo, ya que no tenía otra cosa con la que distraer mi atención, por la ventanilla no se veía nada, no había televisión, y no quería sacar mi ipad para repasar la clase del día siguiente. Al cabo de un rato de observar con la mayor discreción que se puede hacer esto, comencé a sentirme culpable, porque esa mujer a las doce de la noche estaba trabajando en un aburridísimo caso judicial y yo estaba procrastinando a llegar al hotel para repasar a vista de pájaro las metodologías docentes del día siguiente, por lo que finalmente encendí mi ipad, mientras el piloto nos avisaba que comenzábamos el descenso en el aeropuerto de Bilbao. Ni siquiera una hora, tardó más en llegar el taxi a mi hotel que el vuelo en sí.

Era la primera vez que estaba en Bilbao, me quedé asomada a la ventanilla todo el traslado en taxi, observando la ría, no podía esperar al día siguiente a darme un paseo y conocer y respirar toda esa belleza.

Llegué nerviosa al aula de formación dónde iba a liderar un grupo dos días, pero gracias a la amabilidad de Eva, la encargada de que todo estuviese en orden para los alumnos y para mí, los nervios se pasaron rápido. Las personas fueron llegando poco a poco, sentándose, les fui saludando uno a uno, dándoles la bienvenida, hasta que finalmente se cerró la puerta y dije:

-Buenos días a todos y bienvenidos a la formación ***** soy Lorena Fernández, y seré vuestra “profe” durante estos dos días. He de confesaros algo, me gusta mucho jugar, así que venga, levantaos de la silla y venid conmigo al final de la clase, os propongo que hagamos una presentación diferente, coged dos fotos, una que os……-

Me encanta esta formación, al principio despierto odios, porque hago que los alumnos salgan constantemente de su zona de confort, y les hago exponerse, además de que no dejo de enseñarles técnicas de comunicación que tiran por tierra lo que ellos hacen día a día. Al final de la formación esas ampollas de odio se acaban convirtiendo en amor incondicional, porque han interiorizado el cambio y descubierto que todo era necesario, que tienen que salir de su comodidad y desaprender para volver a aprender de nuevo y eso no se puede hacer estando sentado en una mesa, siendo un sujeto pasivo, han de moverse y de ser parte del ecosistema de la formación. 

Fue mi primer grupo de la formación **** acabé la misma con un discurso que me salió del corazón, improvisado en ese momento.

– Lo primero que quiero hacer es daros las gracias. Llevo dos días diciéndoos que hacéis las cosas mal, y ahora quiero poner en valor vuestro papel. Cada uno de vosotros sois seres únicos y maravillosos, no perdáis vuestra esencia porque es lo que os hace ser excepcionales. Esta formación se imparte a personas, y no a robots, pensad la razón. Y ahora os contaré otro secreto, en un aula el que más aprende es el formador, no los alumnos, gracias por dejarme ver lo que hay detrás de vuestro nombre, por permitirme conoceros y por permitirme ayudaros a ser mejores profesionales. Y ahora quiero que me deis todos un abrazo y un beso, y antes de marchar que me escribáis en la pizarra lo que os lleváis de esta formación.-

Una persona lloró, y ¿Por qué lo hizo? Por los vínculos que se crean en un aula, porque la crítica constructiva, el respeto mutuo y el fin común de aprender son mágicos, y curan el alma.

Después de comer con algunos de mis alumnos volví a coger un taxi hacia el aeropuerto de Bilbao, fui recordando la cantidad de personas especiales que conocí, el último del que me despedí fue Iker, que fue cargando con mi maleta a todos sitios, que llevaba una camiseta de la casa Stark de Juego de tronos. Los vascos son personas maravillosas, al principio cuesta acceder pero luego son incondicionales. 

Aterricé a la tarde en el aeropuerto del Prat, y tomé un taxi hasta mi hotel en la calle Valencia de Barcelona, en medio de las manifestaciones y disturbios por la condena a los presos políticos. Llevaban ya dos días de protestas. Estaba agotada y no quería cenar fuera, mi hotel no tenía room service, así que fui a un supermercado que tenía enfrente, para mi deleite tenían sushi, así que cené sushi mientras veía el telediario, con Barcelona en llamas, me asomaba a la calle y veía a la gente tan tranquila paseando a sus perros, miraba la tele y veía contenedores arder. Me llamaba mi marido, mis padres, mis hermanos y amigas.

-Hija sal de Barcelona, mira todo lo que está pasando, parece una guerra.-

-La verdad mamá, es que yo miro la tele y veo una cosa, me asomo por la ventana y veo otra. Tranquila, todo está bien, además tengo una responsabilidad muy importante, unas personas me esperan mañana para aprender cosas nuevas, no puedo fallar.-

Acabo apagando la tele, enciendo mi ipad para dar un repaso a los contenidos de la formación, ceno mi sushi, plancho la ropa el día siguiente y me quedo dormida con el inesperado sonido de sirenas de policía y helicópteros y pensé – Ups, me pondré los tapones en los oídos que mañana es un día importante.-

Tomé un taxi hacia el centro de formación, nada más llegar me encontré con una antigua homóloga, nos saludamos de forma muy cariñosa, y le conté mi historia. Preparé el aula y poco a poco comenzaron a llegar los alumnos. Di comienzo a la formación de la misma forma que hice en Bilbao. El día transcurrió maravillosamente, el grupo era muy participativo, muy dinámico, me lo pusieron muy fácil. Durante la comida vino la responsable del departamento de formación, sorprendida por mi colaboración. Mi sentido arácnido me indicó que algo no iba bien, sus palabras decían una cosa, su mirada otra. Me recordó a esa escena de la película Titanic, cuando a la madre de Rose le dicen: le miras como un insecto, un insecto al que has de aplastar.

Esa tarde me fui a cenar con dos queridos amigos, descubrí, gracias a ellos, un restaurante chino que me fascinó y que los contenedores quemados dejan una huella en el asfalto, que me recordó al lugar donde estuvieron depositados los restos de un oso en Somiedo. No repasé la clase del día siguiente, sabía que con ese grupo no tenía que forzar dinámicas, les estaba gustando, las estaban disfrutando, las iban a recibir de buena gana.

Era viernes y desde las 8 en punto se cortó el servicio de taxi y algunas calles de Barcelona. Estaba en duda que consiguiera dar la formación ese día, pues quizá no llegasen suficientes alumnos. Fui caminando ya que no tenía otra forma de llegar, con la maleta y la mochila hasta arriba. Estaba a unos diez metros de la puerta del centro cuando noté algo mojado caer por mi pelo y cara, no tardé más de medio segundo en reconocer que era una cagada de pájaro, una enorme cagada de pájaro. Me metí en el baño del centro a todo correr, mi pelo, mi cara, mi ropa llenas de caca. Por suerte, el chico de la limpieza me ayudó a lavar mi pelo, me cambié rápidamente de ropa y fui directa a empezar el show.

Cuando entré en el aula, me llevé una inmensa alegría, ya habían llegado la mitad de los alumnos sin incidencias. A los pocos minutos aparecieron más, y finalmente llegaron todos. Fue maravilloso ver cómo hicieron el esfuerzo, porque tuvieron que hacer verdaderos esfuerzos para estar allí conmigo, se lo agradeceré siempre.

La formación fue rodada y finalicé con mi discurso de despedida.

-Gracias por el esfuerzo que habéis hecho para estar conmigo hoy, para poder completar esta formación. No recordaré la misma como la semana de los disturbios, ni como la vez que me cagó un enorme pájaro antes de entrar en clase. La recordaré por haberos conocido a todos y cada uno de vosotros.

Poco a poco fueron marchando, después de muchos besos y abrazos y de escribirme en la pizarra el “qué te llevas”.

Ahí comenzó una aventura a la que bauticé como videojuego, porque iba saltando de un reto a otro.

Mi avión salía de vuelta a Santiago de Compostela a las 16.10h, eran las 14.00h, no había taxis y probé con un cabify, éste consiguió llegar a los 15 minutos. Primera pantalla superada.

Francisco, mi conductor, un chico encantador que ponía rock fm como emisora, ya con este detalle me ganó, demostró ser un auténtico conseguidor. Ya estaba formada la concentración y poco a poco los manifestantes iban tomando las vías principales del centro. Nos cerraron el paso hasta en dos ocasiones, dos ocasiones que yo di por acabado el juego, porque se plantaron delante del coche y no dejaban pasar. Pues no sé cómo, Francisco vio un hueco entre la calzada y la acera donde pudo meter el coche para seguir adelante, lo celebramos aplaudiendo. Al final, saltando de obstáculo en obstáculo, Francisco consiguió dejarme en el aeropuerto a tiempo para coger mi vuelo. 

-Francisco, Fran, ¿qué vas a hacer ahora?-

-Lorena, me voy a casa, hoy ya no trabajo más.-

Le di las gracias, un par de besos de despedida. El mejor conductor que he tenido nunca.

Nunca vi el Prat tan vacío como ese día, habían cancelado casi la mitad de los vuelos, por suerte el mío estaba operativo, aunque no me quedé tranquila hasta que el avión despegó.

Llegue a Santiago poco antes de las 18.00h. Ahí acabó el videojuego, o eso pensaba yo.

Una semana después de las felicitaciones, del éxito, de conseguir el aforo completo, de impartir esta bonita formación, y de conocer a tantas maravillosas personas recibo una llamada que me deja noqueada. Porque aquella empresa decidió que no hiciese más trabajos para ellos. En mi videojuego con esta empresa se ha puesto un GAMEOVER.

No me pararon las barricadas, los aviones, las manifestaciones, los pájaros con colitis…sí me paró la opinión de incomodidad de una persona, de la madre de Rose de Titanic. Con esto extraigo dos reflexiones. Una que he de hacer más caso a mi intuición, no falla. Dos…aún la sigo reflexionando, mucha incomprensión hacia mi veto, por no tener justificación, aún sigo esperando que me lo expliquen…sólo sé que es porque la madre de Rose se sintió incómoda por ser antigua compañera…en fin…

Gameover a la formación ***** en la empresa *****. Tengo mil pantallas más que pasar en millones de videojuegos. No pasa nada, es una piedra en el camino. Porque como repetía en esta formación una y otra vez, cuando alguien decía – Qué difícil- Yo le respondía:

-Nadie dijo que fuera fácil.-

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