Sombras

Los cambios

A la mayoría de las personas los cambios les ponen nerviosos. Incluso les pueden sacar de quicio hasta los pequeños detalles. Hay un importante porcentaje de la población que sufre los denominados “TOCS”, que son esas manías compulsivas que no se pueden dejar de hacer, como por ejemplo, aquellos pisan la franja blanca de los pasos de peatones siempre con el mismo pie. O aquellas personas que entran casi en brote psicótico cuando se mueve un elemento de su hogar, como un mando a distancia.

Luego hay otro extremo, que son aquellas personas que no se rigen por orden alguno, y su vida está sumida absolutamente en el caos.

Los extremos nunca son buenos, lo importante es conseguir un equilibrio entre “ TOC” y “caos”.

He trabajado con varias personas tan desordenadas que parecía que un ciclón se produjese encima de su mesa a diario, colocando papeles y posits por todos los lugares.

En la era digital, los caos de papeles se han convertido en caos de escritorios de ordenador, y llevado al trabajo en equipo, los caos en dropbox y drive.

Hace no mucho descubrí que hay personas que pueden vivir en un caos físico pero no en un caos virtual, y viceversa. Ese descubrimiento me hizo pensar mucho, porque no lo comprendía, ya que considero que, si eres ordenado o desordenado lo eres en todos los aspectos de tu vida. Así organicé una de mis verdades universales, la cual tardé un par de días en tachar como verdad.

En una ocasión, a fin de querer hacer un bien hice un mal ajeno importante. Confieso que tengo TOC con el orden y la limpieza, y no puedo vivir en el caos, así que en mi afán por hacer un bien comunitario, una Nochebuena me puse la capa de OrdenaTodoWoman y comencé a ordenar mi departamento…a tirar, destruir, reclasificar y colocar en orden todos los archivos, materiales y demás instrumental formativos. Incluso ordené los clips.

Fueron unas cinco horas de felicidad, mi TOC y yo vivimos una gran fiesta porque era algo que llevaba meses deseando hacer, y aproveché que había poco trabajo y que estaba sola en el departamento dadas las fechas.

A la vuelta de las fiestas, llegué con una sonrisa gigante, esperando ver en mis compañeras la misma sonrisa y hasta incluso, agradecimiento por haber adecentado la leonera en la que vivíamos, por haberles librado del caos en el que nos encontrábamos.

Para mi sorpresa, para mi aprendizaje…estaban enfadadas, uno porque a ellas no les molestaba tener la oficina manga por hombro, dos porque pensaban que no debía haber dedicado mi tiempo a ordenar, sino a trabajar, que ellas tenían mucho trabajo y claro yo encima….perdiendo tiempo en ordenar.

Mi capa de súper heroína se rajó un poco aquel día, no obstante, aprendí a no hacer cosas por el bien común, cuando no sabes si realmente es común, o es sólo tu bien.

También aprendí a que hay personas para las que, el orden, no es importante, y eso no está ni bien ni mal, simplemente existe. Imponer tus necesidades o tus toc a los demás, nunca es una buena idea. Es como el dar consejos cuando no se han pedido pueden convertirse en un juicio, intrusión o molestia en la vida de la otra persona. En ocasiones hacemos cosas para bien, que son vistas para mal. Las buenas intenciones no sirven para nada, los buenos resultados tampoco, la búsqueda del propósito común, la redacción de unas alianzas y la definición del bienestar para el equipo lo es todo, porque aúnas tus esfuerzos con el resto, y todo el equipo está implicado y optimizan sus recursos hacia un mismo lugar.

Hay cambios inevitables, de hecho, la mayoría de cambios importantes en la vida llegan sin posibilidad de ser reversibles. Una mudanza, la edad adulta, la muerte. Hemos de asumir que en la vida nada es constante, todo cambia. Es el mayor favor que nos podemos hacer como homo sapiens, por ello, aferrarse a nuestras manías, o resistirse al cambio puede acabar con nosotros.

Hay quienes ante un cambio sienten derrumbarse toda su vida, y piensan en hacer cambios aún más grandes buscando un nuevo rumbo, porque una mínima modificación ha supuesto una modificación de su rumbo y tienen que encontrar otro sistema equilibrado que tenga sentido. El mundo tal como lo conocen ha cambiado y necesitan ir a otro. Muchas decisiones complicadas se toman a raíz de un cambio, un divorcio, un cambio profesional, cambiar de país. Puede que si no hubiesen estado tan afianzados a todos los mínimos elementos de su vida, y hubiesen asumido con naturalidad cambios menores no se hubiese desatado una cadena mayor.

Me viene a la memoria unos viejos amigos,un matrimonio, cuando uno de ellos cambió un cuadro de lugar sin consultarle al otro, simplemente porque pensaba que era más adecuado. Su intención era buena porque estaba convencido de que a su pareja le iba a encantar el cambio, se basaba en razonamientos lógicos, como que en la nueva pared tenía mejor luz, la gama de colores pegaba más, la otra estaba muy cargada y no lucía bien…cuando la pareja entró en casa y vio el cambio entró en cólera. Simplemente porque se había producido un cambio, un mínimo cambio.

Ese cambio produjo ira en uno, tristeza en el otro. Pues bien, este asunto, que para algunos no tiene importancia, en otros provoca un efecto dominó irreversible. La modificación de ese cuadro provocó una mudanza porque ya no se sentía cómoda en esa casa…Esa mudanza fue un cambio aún más grande para paliar el anterior…El cual provocó a su vez un cambio en la pareja y finalmente, al cabo de unos meses, acabaron separándose, y si nos ponemos a pensarlo racionalmente, todo fue por un cuadro. El no aceptar y fluir con los pequeños cambios, en ocasiones fuerzan cambios mayores y a veces, generan una cadena de, seguramente, malas decisiones.

Aquí fui consciente de la importancia de gestionar bien los cambios, de entender los TOCS propios y los de los demás, actuar desde el respeto mutuo y no hacer las cosas por la buena intención….sino preguntar cuando el sistema depende de varios, cuando el entorno no es individual.

Las buenas intenciones son maravillosas, pero en la próxima ocasión piensa si lo haces por tus propias manías, o porque realmente sea lo mejor para el bien común. Y esto sólo lo conocerás preguntando y escuchando a aquellos que te rodean a diario. Cada persona es única y especial, no presupongas lo que tus compañeros de trabajo desean, lo que tu pareja prefiere o lo que tu mejor amiga debería hacer con su vida. Recuerda, pueden ser tus propias manías las que hablen.

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