Sombras

Tropezón en un escalón

Estaba en las escaleras, con un pie retorcido, las manos sangrientas y mirando hacia el final de la escalera. No vi mi vida pasar en un segundo, no pensé en absolutamente nada más que salvar mi vida, y mi cuerpo reaccionó rápidamente para ello. Y, ¿qué hubiera ocurrido si mi cuerpo no hubiese reaccionado? Probablemente me habría abierto la cabeza. Por suerte sólo me llevé una fisura en el dedo gordo del pie, hematomas y contusiones en la cadera izquierda y brazos.

En ese momento no pensé en nada más que salvarme. Me senté en la escalera, me quité mis incomodísimas sandalias de tacón, me agarré mis doloridos pies y me quedé llorando, sola, con mis magulladuras, a punto de haberme caído rodando por unas empinadas escaleras. Sabedora de que nadie me iba a auxiliar, a nadie más le iba a doler, nadie podría haberme salvado la vida más que yo. Comprendí entonces que realmente nacemos y morimos solos, llegado a esto…¿Por qué dejó que todos dirijan mi vida?

Cierto es que ya había decidido dejar mi trabajo y dedicarme a mi pasión, y creía que recibía mensajes constantemente, aunque muchas veces no les hiciera caso.

Recientemente me he dado cuenta de que no soy una buena captadora de señales, cuando no son en el buen sentido, mi cerebro vive en una fiesta feliz, donde nada malo pasa, donde las cosas siempre van a ir bien, y donde confío en cualquier persona que me mira a los ojos.

Aún estoy procesando que las personas te engañan, que te usan, que te ven cojear por la calle, o por la oficina pero nadie te pregunta, nadie te acaricia la espalda, nadie te abraza y te dice: «eh no pasa nada, todo va a salir bien.» La gente va a lo suyo, se fusionan con su pantalla del ordenador y no ven el mundo, se quedan inmersos en una conversación de whatsapp o facebook ajenos a que un coche les puede atropellar si no levantan la cabeza para mirar la carretera. Aunque a veces te miran a los ojos, miran tu cojera y tus manos sangrientas y…siguen a lo suyo, porque tienen mucha prisa por llegar a algún sitio que no se va a mover, o por hacer una tarea que no era tan importante.

Sé que soy algo dramática, no lo puedo negar, pero me han pasado un par de cosas en la vida, o más de un par que me hacen creer en esta afirmación: a la gente le da igual.

Estuve de baja por accidente laboral, y realmente no importaba cómo estaba, cómo me sentía.

-¿Cómo estás, cuando vuelves?-Me preguntaban algunos colegas.- Quita el cómo estás, porque realmente no me quieres escuchar, pregunta cuando vuelves, al menos sé honesto. 

No me preguntes cómo ha sido la caída porque te preocupas de que me haya hecho más daño o para solucionar el acceso a la escalera, di que me preguntas porque si es un parte de accidente has de pagarme el 100% de la baja y quieres conocer si se puede poner otra causa y soltar menos pasta.

Y como iba diciendo un par de párrafos arriba, no soy buena en captar señales, cuando estas indican que algo malo va a pasar. Pero estoy aprendiendo a escucharme a mí misma, mi cuerpo,mi mente, a callar esas vocecitas que escucho a mi alrededor, que me juzgan, que me dicen lo que tengo que hacer: estudia esto, haz este trabajo, sonríe más, habla menos, pon a los jefes en copia oculta, echa una arenga a tu becaria, no pierdas el tiempo con clientes, no les des más de media hora a cada uno …Y mi mente y mi cuerpo me cantan al unísono una preciosa melodía: hazlo Lorena, sólo tienes una vida, y puede que te vuelvas a caer por una escalera, al menos se feliz cuando lo hagas.

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